En estos momentos me siento decepcionado, embaucado emocionalmente, disfórico y con poca energía. Después de confiar en una persona y dar lo más de lo que podías dar y hasta más de lo que creías poder hacer, resultó que no fue suficiente contra las barreras físicas y temporales de la realidad.
Además que rectifica más mi incomprensión con tener una relación en esta época: como decir frases cursis, expectativas tan estereotipas y acartonadas de lo que es mostrar tu afecto; estar todo el día obsesionado con la respuesta de tu "correspondido" por el teléfono; la insaciabilidad de esta basura de manera inmediata; y en conjunto una maraña de problemas y manías heredadas y adquiridas en las que se rinde uno a la mínima muestra de dificultad. Todos quieren salidas fáciles. Todos ignoran los pequeños detalles que surgen de forma auténtica y espontanea, el peso de las palabras y los pequeños sacrificios diarios. Falta empatía y ganas de riesgo.
Me siento alborotado y desorientado, como un pez agitado violentamente en su pecera; bajo un cielo de agua; con el sabor de vasos sanguíneos listos para romperse al recibir un golpe (no sé si médicamente sucede así); y una luz tenue y callada.
Una tormenta muda en dos ciudades que deja un par de víctimas. Hay enojo y hay indignación, porque fue uno el que desató el siniestro costando aquello que se creía lo más anhelado y querido. Este escrito parece muy azotado pero es más la decepción lo que me pesa, no tengo rencores, no tengo una profunda tristeza, sólo me estoy incorporando de las mareas que se habían provocado en la pecera para seguir nadando por mi cuenta en aguas desconocidas.
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