Cada planeta que llegamos está muerto

Todos podemos afirmar que nuestros gustos musicales no tienen la misma extensión si los comparas en tus años de pubertad a la actualidad, a veces somos más necios y poco flexibles con querer ir con la novedad o un estilo en particular y rechazamos totalmente cosas distintas sin siquiera intentarlo y entre este oscurantismo, pasó que compré Demon days de Gorillaz en 2005, por ser una banda que me llamaba más la atención por ser animada que por la música. En su momento, detesté el disco, me parecía eterno escucharlo, incoherente y con canción en las que ponía cara de "¿Qué madres es esto?". Ya saben, uno es joven, estúpido y creyendo que sabe mucho. Tanto fue que se lo regalé a un amigo de la secundaria.

A pesar de eso, varias canciones de Gorillaz me gustaban bastante a lo largo de los años y fue hasta mi inicio en mis años de universidad en los que decidí darles una nueva oportunidad (me compré el disco otra vez) a Demon days y su  excesiva variedad sónica para mi yo de 14 años me fascinó a mis 18.

Fue raro porque cuando salieron los sencillos promocionales de "DARE", "Dirty Harry" y "El mañana", porque jamás recordé haberlos escuchado en mi vida. Realmente estaba tan negado al sonido que lo omití por completo.

En general los álbumes de Gorillaz tienen una calidad consistente, tienen hits, momentos bailables, cosas experimentales, momentos hip hip y algo que tienen en común es que acaban de una manera un poco equis. En este caso, las visiones apocalípticas del disco y arte específico de cada pista del álbum hace que la imaginación vuele y eso es lo padre del concepto de banda virtual, tú y la música llevan a 2-D, Murdoc, Noodle y Russell a donde tu quieras.






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