Para 1995 el grunge ya había muerto, y en el viacrusis de Kurt Cubain, la semilla del rock alternativo podía ser llamativo para las masas, consolidó a los noventas como una década muy diversa en sonidos y bandas que para estos años han desaparecido del mapa, resistido las inclemencias del tiempo y hasta resucitado del olvido. Y una banda que amalgamaba casi alquímicamente un variedad de estilos con un atractivo pop fue Garbage que con un excelente álbum debut, lanzó seis sencillos que miles de artistas hubiesen querido tener y vendieron cuatro millones de copias mundialmente, además de darnos geniales videos musicales.
Desde el comienzo del disco ("Supervixen"), uno se siente fabuloso, la primera pista de Garbage es una superposición de glamour, oscuridad, misterio y electricidad que volvieron tan atractiva a la banda para todos los gusto. Desde guitarras ásperas, esbozos de electrónica, manerismos de rock gótico, y una lista interminable de texturas y colores vuelven este disco una efigie de tres productores brillantes y una mujer sensual y audaz, que encontraron el reflector correcto para lanzarse a la fama.
Este año, tuve por fin la oportunidad de ver en el Pa'l Norte Festival a esta banda que me encanta desde los doce años y así de emocionante que era escuchar varias de estas gloriosas canciones en el estéreo, no tienen fecha de vencimiento en vivo. Garbage, es un disco que tiene momentos muy sublimes y otros un tanto planos, pero definitivamente es una adquisición que vale muchísimo la pena, y que rescata mucho de ese espíritu noventero que era tomar prestado del pasado y crear cosas nuevas.
Desde el comienzo del disco ("Supervixen"), uno se siente fabuloso, la primera pista de Garbage es una superposición de glamour, oscuridad, misterio y electricidad que volvieron tan atractiva a la banda para todos los gusto. Desde guitarras ásperas, esbozos de electrónica, manerismos de rock gótico, y una lista interminable de texturas y colores vuelven este disco una efigie de tres productores brillantes y una mujer sensual y audaz, que encontraron el reflector correcto para lanzarse a la fama.
Personalmente, esta placa tiene las mejores canciones de su repertorio como desde esa balada oscura casi esotérica de "Queer", el himno de los pesimistas "Only happy when it rains", la rabia de "Stupid girl" que te puede hacer brincar y hasta bailar; y el lamento de trip hop que es "Milk", un desenlace acongojante de un disco que puedes sentir como algo tan lúgubre puede cargar una extravagante paleta de colores.

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