Lanzando dardos a los ojos de los amantes

Esta entrada debió haber sido escrita desde enero, pero entre ser desidioso, el desánimo de la rutina y el ruido que me generaba el haberme enterado de la muerte de Bowie, apenas la redacto. Entre la extensa discografía de este camaleón musical, cumple 40 años un importante álbum conocido como Station to station. Justo es la transición de su sonido soul de Young americans y la antesala del krautrock de la triología de Berlín.

Este fue el último disco que escuché de él antes de enterarme de su muerte, estaba juzgando si valía la pena adquirir la versión deluxe de este disco o sólo la estandar, por el bolsillo fue la estandar. Es posible que eso también haya generado que aplasara escribir sobre el Thin White Duke.

Misticismo y canciones de amor cantadas con frialdad, Bowie entrega este, en cierta forma mesmérico, disco que cuenta sólo con seis temas. "Station to station" que es un cántico entre lo antiguo y la posmodernidad, un tren con paradas misteriosas como agradables; "Golden years" una nostalgia animada que tiene el sabor del soul que ejercía en el '75; "Word on a wing" es una plegaria y según el mismo Bowie, fue la única canción del álbum que cantaba con sentimiento para redimirse de un periodo muy narcótico y decadente de su vida; "TVC 15" es como una versión cabaret de Tetsuo the iron man a mi parecer, consiste en un debraye en el que la novia de Iggy Pop es devorada por una televisión; "Stay" un coqueteo con mucha lujuria pero con una indecisión y overthinking en misma mesura; por último "Wild is the wind" es como una carta de amor de un aristócrata frío que desea sentir algo.

Lo hermoso de Bowie es ver la reinvención constante que realizó a lo largo de las décadas, por eso en vez de hacerme de la vista gorda quise escribir sobre este disco (dos meses después) para seguir el mito de una auténtica estrella caída del cielo.




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