Este 2017 se cumple el primer año de la era Post-Bowie, y lo que pudo haber sido su cumpleaños número setenta, y a pesar, que nos ha dejado, su legado musical vive para siempre. Cosa curiosa de los años que terminan con siete es que son puras décadas de su vida y tan sólo en este año hay cinco maravillosos álbumes que cumplen aniversario.
El primero es Low (1977), que nos remonta al inició de su Ciclo de Berlín, un joven David de treinta años termina de hacer su transición que realizaba en Station To Station para adoptar un estilo más sobrio y hasta un tanto oscuro, que podía considerarse la antípoda de sus personajes glam, esto, sin restar nada de genialidad. Low, es una inmersión junto con Brian Eno a sonidos de krautrock, ambient y coldwave que sucedían lejos de su natal Inglaterra. Muchos sintetizadores y máquinas toman protagonismo en este onceavo álbum, aunque a diferencia de sus influencias que buscan ser lo menos humanos posibles, la dupla Bowie e Eno buscaba que las máquinas produzcan un sonido cálido y hasta natural.
El giro inesperado de Low fue que a pesar de ser un disco mayormente instrumental y poco ortodoxo, logró posicionar sencillos como "Sound And vision" y "Be My Wife" en los charts de popularidad, el Duque Blanco se había convertido en alguien más (de nuevo).
El legado que este disco va desde la inspiración de Joy Division por el tema "Warszawa" y que en en algún momento se llamaron así, a ser uno de los discos preferidos de Trent Reznor, que le sirvió de mucha inspiración para sus materiales más icónicos en los noventas (The Downward Spiral (1994), The Fragile (1999). En lo personal me gusta y tiene temas muy mágicos, aunque un sólo disco icónico en 1977 no era suficiente para David Bowie, Low sirvió mucho para poder apreciar la majestuosidad de "Heroes" que se hablará de ello en otro momento.

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